Una boda para no olvidar

Todas las bodas son diferentes, todas tienen algo especial, pero la boda de Elena y Biel tuvo mucho que recordar. 

Una boda inolvidable en el lugar perfecto.

Tras un tiempo como pareja decidieron dar el paso y su boda no podía ser de otra manera: INOLVIDABLE. Desde el primer momento la novia tuvo claro dónde se quería casar, y la casa de su padre, donde ella creció, fue el espacio elegido para su gran día. 

No fue fácil, muchos meses de trabajo y preparación para adaptar el espacio, que fuera viable para una boda de más de cien invitados.

 

Todo desde el primer momento fue inolvidable: desde la divertida llegada del novio, hasta el Sí Quiero en una pequeña capilla de la misma finca. Durante el aperitivo hubo música en vivo bien animada, sorpresas, “puestecitos” de comida donde no faltó una estación de jamón y de fideuà, el sol brillaba y los invitados estaban bien a gusto en los chill outs con la música y una buena cerveza o copa de vino. 

 

El banquete fue interior y se transformó toda una sala en un espacio verde, simulando un bosque. Hubo diferentes tipos de mesas, sillas y decoración. La mesa presidencial era imperial y tenía una gran estructura con velas colgantes. No faltaba detalle y los novios habían preparado como recuerdo para sus invitados un patito de bañera personalizado que no dejó a nadie indiferente.

 

Tras el almuerzo Elena y Biel sorprendieron a todos con un preparadísimo baile nupcial al que siguió un concierto en directo de un famoso grupo mallorquín. Iba atardeciendo pero el ritmo no bajaba y la fiesta estaba en pleno auge… Como colofón final el resopón, tras varias horas de baile unos nuggets o una cheese burguer de McDonalds no pueden defraudar.